Discriminación de la mujer en el ámbito laboral: algunos datos, hechos y palabras

Pago Justo, 2010

Pago Justo, 2010

La incorporación de la mujer al mercado de trabajo en condiciones de igualdad entre ambos géneros ha estado precedida de una larga y constante lucha que aún hoy se sigue batallando. Es evidente que actualmente existe una igualdad respaldada a nivel jurídico, pero queda mucho camino por recorrer hasta alcanzar la igualdad real.

Datos y hechos que reflejan la discriminación de género en el trabajo:

1. Brecha salarial entre hombres y mujeres

El derecho a la igualdad salarial y a la no discriminación retributiva entre ambos sexos es un derecho reconocido en el art. 35 de la Constitución Española, en el art. 5 de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de hombres y mujeres y en el art. 28 del Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores.

Sin embargo, hace unos días conocíamos los datos aportados por el sindicato UGT mediante un informe sobre las mujeres en el mundo del trabajo, donde se indica que mientras en la mayor parte de los países de la Unión Europea la brecha salarial ha disminuido, en España ha permanecido estancada. Concretamente, y según apunta la última Encuesta de Estructura Salarial del INE (2014), la diferencia de salarios medios brutos anuales entre hombres y mujeres se sitúa en un 23,25%, es decir, las mujeres percibieron casi seis mil euros al año menos que los hombres.

La última encuesta de la que se tiene constancia con fecha de septiembre de 2013, constata que la ganancia media anual masculina se situó en 25.667,89 euros y el de las mujeres en 19.767,59 euros. Además, la brecha salarial aumentó un 0,5%  respecto al año anterior.

2. Percepción de pensiones públicas

Consecuencia directa del punto anterior es la preocupante diferencia en las prestaciones económicas de nivel contributivo que perciben hombres y mujeres.  Mientras que un hombre cobra una media de 1.197,19 euros, la pensión de la mujer se queda en 742,81 euros, lo que se traduce en una brecha del 37,95%.

Según el sindicato esta distancia entre pensiones es reflejo de las diferencias en el acceso, permanencia y salida del empleo. Para entender estos datos tenemos que tener en cuenta que son las mujeres en su abrumadora mayoría, las que solicitan interrupciones temporales del contrato de trabajo (excedencias, reducciones de jornada, etc.) para hacerse cargo de las responsabilidades familiares.

3. Reparto de tareas domésticas y cuidado de menores o personas dependientes

La participación en el mercado de trabajo es muy diferente en hombres y mujeres cuando se trata de hacerse cargo o repartirse las responsabilidades domésticas y familiares.

Según el estudio, de lunes a jueves las mujeres dedican de media 4,33 horas a tareas dirigidas al hogar y al cuidado de la familia, mientras que los hombres sólo dedican 1,23 horas. Durante el fin de semana esta dedicación se modifica en unos minutos, pasando a 1,39 horas los hombres y 4,13 horas las mujeres.

4. Acceso a puestos directivos

Y aquí es cuando nos damos de bruces contra el techo de cristal, término que surgió a finales de la década de los 80 y que hace referencia a una “barrera invisible que impide a las mujeres cualificadas alcanzar puestos de responsabilidad en las organizaciones en las que trabajan. No se trata de un obstáculo legal, sino de prejuicios extendidos para confiar en las mujeres puestos de responsabilidad, pagar un salario y otorgar una categoría similar por las mismas funciones al considerar que se conformará con menos”.

La ocupación de las mujeres en los puestos directivos en las empresas privadas  sigue siendo escasa y dista mucho de la ocupación masculina. Tal y como indica el estudio Women in Business (2016), uno de cada cuatro puestos directivos de las empresas españolas medianas y grandes está ocupado por una mujer.

5. La múltiple discriminación de las mujeres trabajadoras

Las discriminaciones contra las mujeres van en aumento si tienen algún tipo de discapacidad, si su nacimiento se produjo fuera de España o si realizan trabajos remunerados como empleadas de hogar, donde las garantías son mucho menores que las del resto de trabajadoras pertenecientes al Régimen General de la Seguridad Social.

El 3,4% de los/as trabajadores/as en nuestro país se dedican al empleo doméstico y un tercio de estas personas cobran en negro. El 89,7% son mujeres, debido a su asociación tradicional al sexo femenino y un 46,7% son extranjeras,  pues se le añade la dificultad de acceder a otros puestos.

Debemos recordar que este colectivo es el único que no cotiza por desempleo y en consecuencia, no tiene reconocida esta prestación, a pesar de su inclusión en el RGSS en el 2012.

Erin Brockovich, 2000

Erin Brockovich, 2000

Comentarios y actitudes despectivas, retrógradas e irrespetuosas hacia la mujer trabajadora

1. Las declaraciones del Presidente de la CEOE y de la ex Presidenta del Círculo de Empresarios

Que luego, ante el escándalo generalizado, nunca existieron, “son falsas y no responden a la realidad” o “se malinterpretaron”. Recordemos los acontecimientos:

Joan Rosell, en noviembre del pasado año, calificó la incorporación de la mujer al mercado laboral como “un problema” porque “¿cómo creamos más empleo para que haya trabajo para todos?”.  La organización empresarial negó la veracidad de esas declaraciones mediante un comunicado (de esas palabras sólo se hizo eco un medio informativo que después lo retiró de su web) y afirmando que “es un hecho muy positivo que la presencia de las mujeres en el mundo laboral haya aumentado la tasa de actividad en 25 puntos en los últimos 25 años”.

En octubre de 2014, Mónica Oriol decía que “prefiere” contratar a mujeres mayores de 45 años o con edades inferiores a 25 años por el amparo que da la ley a las mujeres trabajadoras. “Si una mujer se queda embarazada y no la puede echar (el empresario) durante los once años siguientes a tener a su hijo, ¿a quién contratará el empresario?” que además añadía “esa protección de la mujer la desvincula del alineamiento con los intereses de la empresa”. Oriol, días después, expresó que se malinterpretaron sus palabras ya que siempre ha defendido la supresión de barreras a la contratación de las mujeres y que de hecho, estaba denunciando esa situación. Las declaraciones en este caso sí están grabadas, juzgad por vosotros mismos.

2. El eurodiputado polaco y sus afirmaciones misóginas

Como habréis visto ya por todos los medios de comunicación, la opinión que tiene Janusz Korwin-Mikke sobre las mujeres ha sido todo un despropósito y una vergüenza a todos los niveles.

Defiende la brecha salarial porque “son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes que los hombres”. Como respuesta, la de la parlamentaria Iratxe García, fue ejemplar “sé que le duele y le preocupa que hoy las mujeres podamos estar representando a los ciudadanos en igualdad de condiciones con usted. Yo aquí vengo para defender a las mujeres europeas de hombres como usted”.

Este diputado ultraderechista, que no está adscrito a ningún grupo parlamentario, representa dos de las facetas que más repudio en un ser humano: además de ese machismo exacerbado, desprende xenofobia y racismo por cada poro de su piel. Por poner un ejemplo, calificó a los refugiados sirios como “basura humana”. Personalmente, me aterroriza y entristece que personas como él tengan algún tipo de representación o poder en una institución que dice ser democrática.

3. Y para finalizar, algunas experiencias personales

Durante una entrevista de trabajo, la persona encargada realizarla, que era la propietaria de la empresa, lejos de preguntarme las controvertidas e ilegales cuestiones relativas a la edad o si me planteaba la posibilidad de tener hijos, me impuso esta condición: “Veo que aunque eres joven (en mi CV indicaba mi fecha de nacimiento), no sé si quieres tener hijos (…) pues te lo advierto, si tienes pensado ser madre, olvídate de trabajar aquí“. Y debo puntualizar que esta no ha sido ni la primera ni la última vez que en un proceso de selección se ha hecho referencia a mis intenciones o no de tener hijos. En este mismo lugar despidieron a un trabajador por tener una relación con una compañera.

En otra ocasión, trabajé durante un corto período de tiempo (creo que no llegué ni a una semana) en una empresa donde las mujeres teníamos asignadas unas tareas y los hombres otras diferentes, dentro de la misma cualificación profesional. Y ojo, la recurrente e injusta excusa de que se requería la fuerza física aquí no tenía lugar. Y por supuesto, ellos cobraban más que nosotras (en negro, porque la nómina era la misma). Además, abundaban los comentarios despectivos hacia las mujeres, en forma de insinuaciones y “bromas” de mal gusto.

Estos actos se pueden denunciar ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, los Juzgados de lo Social y en determinados supuestos por la vía penal por vulneración del art. 314 del Código Penal, que tipifica como delito los que produzcan una grave discriminación en el empleo, público o privado, contra una persona por razón de su ideología, religión o creencias, pertenencia a una raza, etnia o nación, sexo, orientación sexual, por el parentesco con otras personas de la empresa, etc. y no restablezcan la situación de igualdad tras requerimiento o sanción administrativa, reparando los daños, serán castigados con la pena de prisión de seis meses a dos años o multa de 12 a 24 meses.

Como conclusión, y tras lo expuesto, cabe destacar que a pesar de los innegables avances de la sociedad en cuanto a igualdad real entre hombres y mujeres se refiere, siguen existiendo roles y estereotipos que sesgan y tratan de forma diferente a las mujeres por el simple hecho de serlo. Hay que abolir estas creencias, fomentar la cooperación entre todas las personas y crear políticas efectivas dirigidas a transformar el actual modelo de desigualdad.

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